TRAGEDIA

EL RATÓN TOM, PÉREZ Y LA PUERTA DE LAS SORPRESAS

El ratón Tom era primo del ratón Pérez. Ambos vivían en Ciudad Futura, una pequeña localidad situada a la orilla de un río, cerca de las montañas, donde cada mañana el sol lucía radiante y los pájaros anidaban en el frondoso y verde bosque.

 Desde hacía algún tiempo en Ciudad Futura había problemas para construir más viviendas. La población crecía y el bosque sufría las consecuencias por la fabricación de las casa de madera. Los ladrillos eran muy pesados y traerlos desde la gran ciudad resultaba muy costoso.

Tom y Pérez hablaban de cómo podían solucionar la situación de la falta de viviendas, pues era un problema que angustiaba a la población

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Ambos tenían la carpintería de Ciudad Futura y debían buscar una solución pues las ratoncitas y ratones se negaba a seguir talando los bosques.

Un día llegó un mercader a Ciudad Futura. Traía un carro lleno de platos y utensilios hechos de marfil, de los dientes de los humanos. Eran de un blanco precioso y relucían. Las gentes de pueblo se acercaron a comprar aquellos objetos hechos de aquel bonito material.

El ratón Pérez intrigado por la avalancha de curiosos, se acercó y preguntó al mercader que de qué material era aquello. Fue entonces, cuando Vicente, que así se llamaba el artesano, le contó que, en la ciudad de los humanos, a los niños y niñas, a partir de cierta edad, se les caían los dientes, que llamaban de leche por su color tan blanco y ser los que salían al poco de nacer, cuando algunos todavía solo se alimentaban de leche.

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Era un material duro, resistente y soportaba perfectamente la humedad, por algo estaban en la boca y eran capaces de morder y aplastar la comida.

El ratón Pérez salió corriendo en busca de Tom, había tenido una gran idea. Aquellos dientes que se tiraban, ellos los recogerían y moldearían para hacer las casas de Ciudad Futura. A cambio, a los pequeños y pequeñas que no recibían nada por sus dientes, ellos  les darían siempre alguna sorpresa, bien en forma de dinero o con algún regalo. Fue así como se acercó a la ciudad y fue dejando en buzones, colegios y mercados información para que las niñas y niños que se les cayeran sus dientes de leche, los dejaran de modo visible, para que él pudiera recogerlos y dejar la sorpresa.

Los papás y mamás animaban a sus hijas e hijos a dejarlos debajo de la almohada. Pero la inquietud de los pequeños hacía que, con sus movimientos, dificultase en parte al pequeño ratón poder alcanzar el preciado diente.

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Fue entonces cuando ideó que, con algunos restos de maderas de su taller de carpintero, realizarían unas pequeñas puertas que se pondrían encima del rodapié del cuarto de los menores y allí, situado junto a la mini puerta, habría un compartimento donde depositar el diente y lo recogería de un modo más fácil y rápido.

La idea fue todo un éxito. Por la ciudad de los humanos corrió la voz y aquellas mini puertas adornaban el dormitorio de los pequeños. Cada noche, él y Tom salían cargados de regalos y dinero que les daban los demás ratones para, a cambio de aquellos obsequios, poder seguir construyendo en Ciudad Futura unas casas preciosas, blancas, fuertes y brillantes, hechas de los maravillosos dientes que aquellas niñas y niños cuidaban y lavaban a diario, para que Ciudad Futura fuese un pueblecito de hogares resplandecientes y todos sus habitantes se sintieran felices en sus casitas, hechas de dientes que durante años había iluminado sonrisas.

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