DRAMA

Un sol con peluca

           Era la primera vez que veía una cremallera cosida a la piel. Ella se desnudaba con dificultad, el brazo derecho era su único aliado, yo la observaba. El baño era demasiado pequeño y mis suspiros demasiado grandes.

           -¿Te da grima? Pensé que ya me la habías visto.

           -No, no pasa nada, es solo que me ha impresionado un poco.

           Al girarse le vi el pecho sano, me recordó a las sirenas, mitad real, mitad no. Su lado derecho tenía treinta y ocho años, el izquierdo solo nueve. Aquella cicatriz dividía su contorno en dos, como su vida, como la mía. Se apoyó en mí para entrar en aquella bañera, el vapor corrió mi rimel, lo agradecí. Las lágrimas siguieron arrastrando mi maquillaje.

           -¡Qué ganas tenía de ducharme! Desde que empecé con la quimio tengo la sensación de que huelo mal.

           -¡Tú eres tonta!

           -No, en serio, desprendo un olor diferente, como a metal. Seguro que es ese líquido rojo.

           -Será -le contesté sin escuchar, solo podía pensar.

           -Dicen que en unos quince días comenzará a caérseme el pelo, pero yo creo que no, lo tengo muy fuerte.

           -Quizás.

           El espejo del baño se había empañado y yo fui dibujando corazones, mientras ella me hablaba. Cuando terminó, la ayudé a salir de aquella bañera que nunca antes me había parecido tan profunda. La enrollé una toalla con miedo, ella me dijo que con cuidado. No se sujetaba con la doblez de costumbre, bien por falta de un pecho o por exceso del otro.

           Le sequé el pelo, la peiné y la ayudé a vestirse.

           -Hay que joderse, parezco una vieja, me lo tienes que hacer todo.

           -Cuando lleguemos a viejas quizás me lo tengas que hacer tú a mí.

           -¿Tú crees que llegaré a vieja? -me dijo mirándome a través del espejo ya desempañado.

           -Seguro, yo lo he visto en la película de tu vida.

           -¡Qué gansa eres!

           -Que sí, que yo veo cosas.

           -¿Qué cosas?

           -Pues cosas.

           -¿Como qué?

           -Quiero que mires al espejo fijamente, piensa en las personas que te quieren, esas que saben de tu fuerza y que vas a luchar por salir de este episodio. Quiero que pienses en el símbolo del amor, que sepas que esa cremallera que te han cosido al cuerpo, te la han puesto para meternos a todos dentro y nos tengas más cerca de tu corazón.

           Mientras le iba diciendo todo aquello, fui abriendo los grifos del baño, el vapor volvió a cubrir el espejo y salieron como tatuajes del mismo los corazones. Ella se sorprendió y se echó a llorar, me abrazó. Sentí su cuerpo de sirena.

           -¿Cómo lo haces?

           -Recuerda que yo veo cosas.

           -Eres de lo que no hay.

           -¡Ya! Y tú un sol al que le pondrán peluca.

ESTHER LARA MORATA